Gotas de Solidaridad contra el cáncer de mama

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Hace unos meses hablábamos en este blog sobre el cáncer de mama, concretamente sobre la importancia de la autoexploración mamaria para detectar el cáncer de mama: «tocarse o no tocar», esa era la cuestión. En España hay 227.076 casos de cáncer para este año, de los que 22.000 corresponden a cáncer de mama.

El pasado domingo hubo otro lugar en Madrid en la Carrera de la Mujer en la que participaron más de 32.000 mujeres. Iba en el metro con mis hijos rodeado de mujeres con camisetas rosas y hasta pelucas rosas y los niños alucinados, no dejaban de hacerme preguntas. Con 3 y 4 años, son muy pequeños para entender muchas cosas de la vida (eso es un tienen fuerte) pero yo fui mi primer contacto con este grave problema.

Los que me conocen saben que correr no es exactamente lo mismo, que mi esfuerzo físico no va a ser mucho más que los límites de una mesa de ping pong, pero si quisiera colaborar con otra iniciativa que está desarrollando junto a Solán de Cabras la Asociación Española Contra el Cáncer. ¿Recuerdas las botellas de color fucsia que el año pasado inundaron los supermercados? Este año pueden volver a los lineales y encontrarse en fila listos para el contraataque. Se trata de una campaña denominada #GotasDeSolidaridad gracias a la cual Solán de Cabras donará 20.000 horas de atención psicológica a pacientes con cáncer.

Además de las casi 10 millones de botellas rosas lanzadas al mercado entre los dos tamaños (las interminables y las pequeñas que todos tenemos al lado del ordenador, ahora es temporada, en la biblioteca), se busca apoyo a través de mensajes de espíritu en las redes sociales y en la web de la campaña. Puedes participar entrando en la web y publicando tus gotas solidarias favoritas, utilizando el hashtag #GotasDeSolidaridad en Twitter, Facebook e Instagram. Entre todos los participantes se sorteará una edición limitada de esta botella de tan chula, que ahora está en manos de mis angelitas andróginas favoritas.

Y si bien la botella de cristal rosa es preciosa, y las icónicas botellas azules de la marca también lo son, la voy a contar por qué soy un animal raro y para mí Solán de Cabras está irremediablemente asociado al verde. Historias del boticario.

Ya sabes, porque tengo mucha gala y me parece una ventaja competitiva, que soy de Cuenca. Tu pueblo está a más de 200 km de Beteta, donde está la fuente de agua de Solán de Cabras, la gente que vive aquí es muy hogareña y en mi casa nunca se ha bebido otra cosa.

Aunque, durante 30 años, Solán no distribuyó botellas de diseño azul ni mucho menos rosa. Lo que teníamos en casa eran botellones de cristal verde, pesados, grandes, creo recordar que eran de 8 litros, que cada tantos días nos traicionaba puntualmente el señor repartidor de agua. La llegada del repartidor, que depositaba en fila en el zaguán de mi casa hasta diez botellas, una tras otra, fue todo un acontecimiento en mi vida. Me maravilló cómo ese señor, para mí una auténtica fuerza, era capaz de levantar sin desvestir las botellas que yo no podía mover tres centímetros. Porque me sentía importante, me acercaba a las botellas vacías para que se las llevaran y me sentía muy importante.

Después del canje de botellas, ya peso de ser de seco, se unió a nuestro «ritual del agua manchego» privado: el momento en que mi madre embolsaba el embudo y pasaba el agua de las botellas a botellas de plástico de 1,5 litros (por lo que cupiera en el refrigerador). ¿Puedes adivinar? Yo fue el encargado de presentar el embudo. Recuerdo haber visto el mismo rito en la casa de mis tíos y mis vecinos. Llegué a profesionalizar eso de someter el embudo. También recuerdo el día en que por fin me consideraron “lo suficientemente adulta” para ser quien sujetara la pesada botella en lugar del embudo (pese a la ilusión inicial por considerar al alcalde, me han dicho que era mejor convivir con el sujeto embudo que la botella).

bulto en el pecho

Y con este cuento costumbrista me desnudé, sin acordarme que te mostraste solidario en la web o con el hashtag #GotasDeSolidaridad. Otro día sabemos lo que pasó el fin de semana que mis párrocos nos llevaron de excursión a Solán de Cabras a mi hermano y hermana. Me intrigó mucho saber que pasaba con las botellas vacías que se llevaban de mi casa y como era el proceso para que se llenaran, y mis pobres curas tuvieron quien me dio el capricho. Les cuento, cuentos de la Boticaria.

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