El supositorio bala - Boticaria García

1644527429 El supositorio bala Boticaria Garcia

Desde esta semana el post de e-receta ha estado algo seco, vamos un poquito con una perla en la sección El Im-paciente. Esta anécdota no es mía, pero se la regalan a un boticario con una solera mayor al que merece la pena escuchar el relato de «el suceso». El supositorio de bala siempre triunfa.

Paciente: Buenos días, ¿entiende los ovulos que me mandó el médico para el dolor? Pues que sepa que la caja que me dio usted estaba defectuosa. Los supositorios no tienen nada. Pero nada en absoluto.

Boticario: Bueno, tenga en cuenta que el médico le recetó un ovulo antes de acostarse… tal vez con la primera dosis no fue mucho mejor, pero esperemos a ver qué pasa hoy con la segunda dosis.

Paciente: ¿Un supositorio dice? ¡Ya! Yo me puto más. ¡Y nada en absoluto!

Boticario (cambiando el color): ¿Pero? ¿De que otra forma?

Paciente: Verás, cuando vi que un ovulo no me hacía nada, decidí ponerme a ello. En el ratón, como también noté alivio, me puse en el tercero. Desperado me metió en la habitación y en la quinta… hasta el final me harté y metí a todos.

Boticario (con sudores fríos y destellos de úlceras y hemorragias cruzando por tu mente): ¿Todo?… ¿CÓMO ESO TODO?

Paciente: Toda la caja. Y digo que está defectuoso porque no sé nada.

Boticario (templado): Mira, una caja entera de óvulos es una barbaridad, no puede ser, no puede ser...

Paciente: ¿¿Cómo no puede ser?? -dije muy ofendido-. ¡Tomaré todos los lugares y ahora te mostraré!

Y al decir esto, el señor hace eco de sus manos en el cinturón con un agudo “nooooo” que se atasca en la garganta de la droguería. A continuación, Susodicho se levantó la camisa, mostrando una hermosa serie de supositorios, perfectamente envueltos en su papel de plata original, dispuestos a la manera canadiense, rodeando los riñones (lo que el señor hace con ellos) y convenientemente tapados con unos trozos de cinta adhesiva.

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Paciente: ¿¿¿Amor??? Ves como meto la caja dentro y sigue sin notar nada??

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El boticario, que había visto la escena en modo «El Grito» de Munch, suspiró con cierto alivio hasta que se dio cuenta de que ahora venía la segunda parte: explicar, sutilmente, las diferencias entre la vía tópica y la rectal.

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